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miércoles, 31 de agosto de 2011

La vuelta al cole

Ya está aquí. Se acabaron los viajes, las tardes interminables de playa, los bañitos en la ría y la cañita en el Náutico.











No, no he tabulado mal. Guardaba un minuto de silencio por el verano. Se terminó agosto y aquí estamos de nuevo, al pié del cañón. Y aunque la morriña está siempre presente, sobre todo a la vuelta de las vacaciones, este año de momento no hay ni rastro del famoso "síndrome post-vacacional". Si, ya sabéis, ese terrible mal que nos afecta año tras año por estas fechas y que sirve a los becarios de los informativos para rellenar con clichés unos minutos de telediario. Me encuentro perfectamente, descansado, animado y contento. Al primero que me insinué lo del síndrome, le pondré mi mejor sonrisa y le responderé que de eso nada, que me encuentro genial y que esa tontería será para el resto.

He vuelto a Madrid relajado, sin prisas, sin estrés, sin ganas de matar taxistas... y eso en principio es bueno. Lo cierto es, que he desconectado por completo. Un mes da para eso y mucho mas, como por ejemplo olvidar la contraseña del PC de la oficina o no recordar como lograr un doble windsor impecable. Lo primero se soluciona con una botella de licor café y un informático agradecido y lo segundo, argumentando reminiscencias veraniegas y poniéndose un polo y chinos. Y al carallo, que aún es día 31....

- ¿Y que tal ha ido el verano? - interpela Don Pedro mientras intenta recuperar mis contraseñas.

Voy a contestarle que muy bien, pero en ese momento algo me hace cerrar los ojos... y sin previo aviso sopla de nuevo la brisa de un aire cálido sobre mi tez quemada por el sol. Recuerdo Marrakech como si volviera a estar allí, con esa mezcla de olores y sonidos de antaño, que invaden sus angostos callejones, sus plazas escondidas llenas de mercaderes que ofrecen esencias desconocidas, especias de mil colores, telas brillantes y sedosas, o cualquier mercancía que pueda intercambiar por unas monedas. Siento la luz de una ciudad cercana en la distancia pero alejada en el tiempo, como sumergida en un sueño de mil y una noches del que no quisiera llegar a despertarse nunca.


Me veo aún en la Jeena Fná, rodeado de monos saltimbanquis y encantadores de serpientes, de palmeras que casi rozan el cielo y de ese caos tan bien organizado que lo rodea todo hasta envolverte como si fueras ya parte integrante del mismo; me veo de nuevo esquivando mobilettes con tres ocupantes por callejuelas atestadas de niños que corretean, puestos de dulces y dátiles, taxis destartalados, banderolas, guias que te ofrecen sus servicios a cambio de una propina que siempre les parece escasa...

- Bueno, parece que esto ya está. Prueba ahora -

Aterrizaje de emergencia. El informático me devuelve de golpe al mundo real. La única brisa que siento ahora es la del aire acondicionado.

- ¿No dices nada? ¿En Galicia bien entonces? -

Miña terra galega... ¿como no voy a estar bien allí? Solamente con cruzar Pedrafita, ya me invade una sensación de paz y alegría indescriptible. Es como sentirte al fin en casa.
Si, ya conozco el dicho de "uno no es de donde nace, sino de donde pace". Pues bien, el que dijo tamaña estupidez estaba claro que no era gallego. Y si lo era, espero que le corrieran a gorrazos en su aldea.
Porque para mi, no hay nada como volver a casiña. Ese primer momento de cruzar Os Ancares o cuando coges la salida de la A6 y nada mas girar ves ante ti el mar después de meses en Madrid....bufff....no hay nada comparable a esa imagen. Y aceleras (previa clavada en el peaje, eso si, que Audasa somos todos) y vas acercándote cada vez mas, recorriendo un camino inundado de verde que te sabe a gloria después de cinco horas atravesando Castilla; que si viaducto de Mariñán, que si Playa Grande de Miño, que si Pérbes...te descuidas y estás ya cruzando Pontedeume. Y por fin, lees un cartel que reza " Benvidos a Ferrolterra"; ¡Y para que quieres mas!

 

Calas paradisiacas de agua fresquita, vistas espectaculares de una ría preciosa, Estrella Galicia, pulpo, pulpo y más pulpo!!! Y sobre todo esos amigos de la infancia, que son parte de ti porque has vivido tantas cosas y tantos momentos con ellos que ya forman parte de ti mismo, de tu vida...


- Pues si que has vuelto poco hablador... debe ser que tienes el síndrome post-vacacional...-
- Pues como todos Don Pedro, como todos..... -

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